Fachada de la Escuela Oficial Rural Mixta de la aldea Tulumajillo, con su nombre pintado en la pared

Protección social

A quién le llegan los programas sociales

Escuela Oficial Rural Mixta, aldea Tulumajillo · Foto: Kevin Salvatierra, CC BY-SA 4.0

En 2014 la mitad de los hogares de Guatemala declaró haber recibido algo del Estado, y esa mitad la cargaba la escuela: de cada 100 entregas de un beneficio a una persona, 68 salieron del Ministerio de Educación y 13 del Ministerio de Desarrollo Social, que es el que se creó para esto.

El módulo que permite saberlo existe únicamente en la ENCOVI 2014. El CKAN del INE publica 2000, 2006, 2011 y 2014, y el microdato de la ENCOVI 2023 que está disponible es el del índice multidimensional y no lo trae. Todo lo que sigue tiene once años encima y sigue siendo la medición más reciente de a quién le llegan los programas sociales guatemaltecos.


Qué llegó


Uno de cada dos hogares recibió al menos uno de los catorce beneficios

El 51.1 % de los hogares declaró haber recibido al menos uno de los catorce beneficios que la encuesta preguntaba. Los dos más grandes son escolares: el vaso de atol llegó al 26.1 % de los hogares del país y las bolsas escolares al 24.3 %.

La transferencia condicionada del momento, Mi bono seguro, aparece en cuarto lugar con 15.2 %, debajo de la alimentación escolar. Las catorce incidencias suman 111.0 % porque un hogar podía recibir varios: el 64.8 % de los hogares cubiertos recibió dos o más.

Tres programas no aparecen porque los declararon menos de treinta hogares en toda la muestra: Mi comedor seguro, el bono de transporte escolar y Jóvenes protagonistas.

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De cada 100 entregas, 68 salieron del Ministerio de Educación

De las 20,291 entregas de un beneficio a una persona que registra el módulo, el 68.5 % las entregó el Ministerio de Educación y el 13.1 % el Ministerio de Desarrollo Social. El de Agricultura aporta el 10.1 %.

Parte de esa distancia es aritmética: los programas escolares se entregan por niño, así que un hogar del MINEDUC genera 3.24 entregas y uno del MIDES 1.09. Aun contando hogares, la protección social de 2014 pasaba por la escuela.

La municipalidad y la Secretaría de Bienestar Social aparecen casi empatadas, con 1.29 % y 1.23 %, y sus intervalos se traslapan: entre esas dos no se puede decir cuál entregaba más.

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El segundo programa más grande era una bolsa, una vez al año

Las bolsas escolares llegaron al 24.3 % de los hogares del país, y en el 98.1 % de esos casos fue una sola entrega en doce meses. Los insumos agrícolas, con 13.8 % de cobertura, se entregaron una vez en el 94.7 %.

Al otro extremo, el vaso de atol y la alimentación escolar llegan más de cincuenta veces al año a nueve de cada diez de sus receptores, porque siguen el calendario escolar. El único que se entrega mensualmente es el aporte al adulto mayor.

Contar cobertura sin contar frecuencia mezcla una bolsa anual con una transferencia mensual. Por eso el 51.1 % de cobertura del catálogo no equivale a 51 hogares con un ingreso del Estado.

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Dentro de la escuela pública, los programas escolares cubren a cuatro de cada cinco hogares

Los tres programas escolares van a quien está en la escuela, que es un universo distinto del de los hogares pobres. Sobre los 1,459,053 hogares con alguien en preprimaria o primaria pública —el 43.5 % del país—, el 78.4 % recibió al menos uno.

Medido así, el vaso de atol pasa de 26.1 % a 59.0 % y las bolsas escolares de 24.3 % a 54.7 %. El 21.6 % de esos hogares no recibió ninguno de los tres.

Esta es la razón por la que el catálogo entero no se puede leer como focalización: dos de sus tres programas más grandes son cuasi universales dentro del universo que les toca, y compararlos contra la pobreza mide otra cosa.

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A quién le llegó


El quintil más pobre recibió cuatro veces más que el más rico

El 72.6 % de los hogares del quintil más pobre recibió al menos un beneficio, contra el 17.5 % del más rico. La razón es de 4.15 a 1 y la curva baja sin interrupciones.

En el agregado, entonces, el conjunto de los programas sí llegaba más abajo que arriba. Lo que la curva agregada no dice es cuánto de eso lo aportan los programas escolares, que siguen a la matrícula, ni si cada programa por separado se comporta igual.

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Tres programas de la misma cartera con tres curvas distintas

La curva de cada programa por quintil es la medida clásica de focalización: si está bien dirigido, baja de izquierda a derecha. Seis de los catorce tienen suficientes casos en los cinco quintiles para dibujarla.

El vaso de atol y las bolsas escolares bajan con fuerza —más de treinta puntos entre el primer quintil y el último— porque siguen a la matrícula pública. Mi bolsa segura hace una joroba en el tercer quintil y el aporte al adulto mayor es plano: en esos dos, el intervalo se traslapa de punta a punta y no hay pendiente que leer.

Mi bono seguro es el que más inclina la curva, y se dibuja hasta el cuarto quintil: en el quinto lo declararon diecinueve hogares, muy pocos para publicar una cifra.

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El 93.8 % de los titulares de Mi bono seguro son mujeres, y el 15.3 % encabeza el hogar

El módulo no solo dice qué hogar recibió: dice a quién se le entregó. En Mi bono seguro, el 93.8 % de las personas nombradas son mujeres, con 36.5 años de edad media. Solo el 15.3 % es la jefa del hogar; el 73.5 % es la cónyuge del jefe.

El programa nombraba a la madre, y eso tiene una consecuencia para leer el resto de la página: cualquier corte por sexo de la jefatura del hogar está midiendo otra cosa.

En cinco programas el titular es un menor de edad en más del 92 % de los casos, porque el beneficio va con la matrícula. Ahí el reparto por sexo es el de la niñez inscrita y no una decisión del programa.

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Dieciséis puntos de diferencia bruta se vuelven tres al comparar hogares parecidos

Los hogares con jefatura indígena recibieron 16.3 puntos más que los demás: 61.8 % contra 45.4 %. Leída sola, esa cifra sugiere que el Estado los buscaba.

Comparando hogares del mismo quintil de consumo, la diferencia baja a 3.0 puntos y su intervalo alcanza el cero. Agregando el área y el número de niños de 5 a 15 años, queda en 1.5 y el intervalo lo cruza con holgura.

La brecha bruta mide pobreza: los hogares indígenas recibían más porque eran más pobres y tenían más niños en la escuela, que es a donde iban los programas grandes.

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Mi bono seguro no llegaba a 1,022,199 hogares de los que decía atender

Mi bono seguro tenía la curva de focalización más inclinada del catálogo y dejaba fuera al 70.5 % de los hogares de su propio objetivo declarado: 1,022,199 hogares pobres con alguien de 0 a 15 años que no lo recibieron.

El aporte al adulto mayor deja fuera al 87.4 % del suyo. Del lado contrario, el 15.7 % de los hogares que sí recibieron Mi bono seguro no era pobre, y en el adulto mayor y en Mi bolsa segura ese error de inclusión ronda la mitad, con intervalos que cruzan el 50 %.

La transferencia mejor dirigida del país fallaba por el lado de cuánta de su gente se quedaba sin ella.

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Lo que dejó de medirse


Tres mediciones y después nada

Seis de los beneficios existen en las tres encuestas que se pueden comparar. Su cobertura fue de 39.7 % de los hogares en 2006, 42.1 % en 2011 y 37.1 % en 2014.

La subida entre 2006 y 2011 no se distingue del ruido de la muestra; la caída entre 2011 y 2014 sí. Después de ese punto el eje queda vacío.

La ENCOVI 2023 se levantó y se publicó, y el microdato disponible es el que sirve para el índice multidimensional. El módulo que pregunta qué programa recibió el hogar no volvió a aparecer.

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De 698,435 hogares en 2011 a 508,117 en 2014

La transferencia condicionada cambió de nombre y de tamaño entre las dos encuestas. Mi Familia Progresa llegaba al 23.4 % de los hogares del país en 2011; Mi bono seguro, al 15.2 % en 2014. Son 190,318 hogares menos.

La caída ocurre en los cinco quintiles. La CEPAL la registra con su propia fuente y la marca menos pronunciada —de 862,002 a 697,442 hogares— pero en la misma dirección.

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La transferencia más grande del país la ejecuta el Ministerio de Trabajo

La contabilidad pública sí está al día. Al 31 de julio de 2026, el aporte económico al adulto mayor lleva Q1,032.9 millones ejecutados, más que las seis líneas de transferencia del Ministerio de Desarrollo Social juntas, que suman Q982.2 millones.

El programa no contributivo más grande de Guatemala lo ejecuta el Ministerio de Trabajo.

De lo que se gasta hay cifra mensual y al centavo. De a cuánta gente le llega, el archivo publicado más reciente es de mayo de 2024.

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