Milpa en Quiché

Seguridad alimentaria y nutricional

Agricultura

Milpa en Quiché · Foto: Fabian Hanneforth, CC BY 2.5

Guatemala produce hoy el 54.8 % del maíz que consume. En 2010 era el 69.2 %. En esos trece años la cosecha subió y la importación se multiplicó, de 692 a 1,696 miles de toneladas.

Mientras tanto la palma africana pasó de cero hectáreas en 1961 a 230,000 en 2024, más que la caña de azúcar.

Una hectárea de banano produce 17,680 dólares internacionales al año y una de maíz 454. Esa distancia lleva sesenta años abierta y el maíz no se ha movido de donde estaba en 1990.


Sesenta años de producción


Producción y cobertura agrícola

La agricultura guatemalteca suma alrededor de 12 % del PIB y ocupa a alrededor de 40 % de la mano de obra (FAO, 2013). Parte de lo que produce va al consumo interno, como el maíz y el frijol, y parte a la exportación: caña de azúcar y banano.

La caña de azúcar encabeza la producción en toneladas, por mucho: de 1.5 millones de toneladas en 1961 a un máximo de 33.9 millones en 2015, y 22.9 millones en 2024. Le siguen el banano (0.4 millones de toneladas en 1961 y 4.5 millones en 2020), el aceite de palma (0.2 millones en 1983 y 2.9 millones en 2020) y el maíz (0.5 millones en 1961 y 1.9 millones en 2020). El resto de los productos agrícolas pesa relativamente poco en toneladas.

El maíz es el cuarto producto en tonelaje, pero el que más tierra usa, por mucho. En 2024 su cobertura llegó a un millón de hectáreas: dos terceras partes del área de estos cuatro cultivos y casi un tercio de la cobertura total de cultivos del país. Con la caña de azúcar ocurre lo inverso. Su tonelaje no tiene comparación, pero su cobertura es casi cuatro veces menor que la del maíz y queda bastante cerca de la del aceite de palma.

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La palma pasó de no existir a ocupar más tierra que la caña

En 1961 FAOSTAT no le registra a Guatemala una sola hectárea de palma africana. En 1990 eran 5,000. En 2024 son 230,000, más que las 218,690 de la caña de azúcar: la palma es hoy el segundo cultivo del país por superficie.

El maíz sigue siendo el primero, con 1,000,746 hectáreas, y creció alrededor de un 60 % en los mismos sesenta y tres años. El banano es el único que casi no se movió: de 22,000 a 57,200.

Área cosechada no es área sembrada. Es la superficie de la que efectivamente se cosechó, así que una sequía que arruine una siembra la baja sin que nadie haya dejado de sembrar. Y donde se levantan dos cosechas al año, la misma tierra puede contarse dos veces.

Son cuatro cultivos, no todos: esto no suma el territorio agrícola del país.

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Rendimiento agrícola

La producción dividida por la cobertura da el rendimiento por área de cultivo. La productividad agrícola está íntimamente ligada al desarrollo de un país (Christensen & Yee, 1964): a mayor productividad, más beneficios, mejores salarios y mayores impuestos. Más alimentos por área también significa más comida a menor costo para la población, y permite “liberar” cobertura y trabajadores para otros usos, hacia la transformación estructural de la economía en los sectores manufactureros y de servicios.

La productividad agrícola de Guatemala se parte en dos mundos paralelos. Los cultivos de exportación altamente tecnificados, como la caña de azúcar, el banano y el aceite de palma, rinden decenas de toneladas por hectárea. Los de consumo doméstico, de menor sofisticación técnica, como el maíz, rinden pocas toneladas por hectárea.

Comparar toneladas por hectárea entre cultivos distintos no solo contrasta tecnologías productivas. También entran las características biológicas de cada cultivo y las condiciones de producción: fertilidad del suelo, pendiente, clima, entre otras.

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Rendimiento relativo a la frontera tecnológica

Detrás de un rendimiento está la tecnología usada en la producción, pero también la biología del cultivo. Una forma de leer mejor la tecnología agrícola es comparar los rendimientos del país contra los de un país conocido por su liderazgo productivo.

La brecha vuelve a dibujar dos mundos paralelos. El rendimiento de banano de Guatemala menos el de Ecuador osciló entre positivo y negativo hasta 1993, luego se disparó hasta 30 toneladas por hectárea y terminó 2020 en unas 10. Por esta métrica, Guatemala se encuentra en la frontera tecnológica en la producción de banano. Los datos de aceite de palma y caña de azúcar indican que también la alcanza, aunque con dinámicas dispares entre cultivos.

Con el maíz ocurre lo contrario. El rendimiento de Guatemala menos el de Estados Unidos es siempre negativo y se ensancha: de -3.1 toneladas por hectárea en 1961 a -9.0 en 2024. Otros factores, como las pendientes de los campos, pueden explicar el mayor rendimiento estadounidense. Pero la magnitud de la brecha, y especialmente su crecimiento, deja a Guatemala lejos de la frontera tecnológica en la producción de maíz.

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La producción hoy


Producción y cobertura de maíz

«El maíz es la base principal de la dieta alimentaria en Guatemala, especialmente para la población más pobre, además de poseer una enorme relevancia cultural para la población indígena y ladina» (Fuentes et al., 2005).

En 2019 Petén concentró casi 200 mil toneladas de maíz. Le siguen Jutiapa y Alta Verapaz con alrededor de 100 mil toneladas, y Jalapa, Santa Rosa y Escuintla con alrededor de 50 mil. Abajo quedan El Progreso, Sololá y Sacatepéquez, con menos de 10 mil toneladas cada uno. La cobertura sigue de cerca la producción, salvo en Quiché, que pesa por cobertura pero no por producción.

Dentro de Petén la producción de maíz no es homogénea: se concentra al sur del departamento, en Sayaxché (85 mil toneladas) y Las Cruces (50 mil toneladas). Los demás municipios de alta producción suelen ubicarse en torno a 10 mil toneladas y no superan las 20 mil. La cobertura, otra vez, sigue de cerca la producción.

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Rendimiento de maíz

En 2019 el rendimiento de maíz por departamento fue de entre 0.6 y 1.6 toneladas por hectárea (t/ha). Producción y cobertura van tan de la mano que el rendimiento no se relaciona de forma simple con el nivel de producción. Los más bajos están en el centro del país —El Progreso, Baja Verapaz y Quiché— y los mayores en las costas: Escuintla, Suchitepéquez e Izabal.

Entre municipios el rango se abre: de 0.2 t/ha en Santa Catalina la Tinta (Alta Verapaz) hasta 3 t/ha en Puerto Barrios (Izabal). La Costa Sur rinde más, hay un núcleo de alta productividad en Huehuetenango y la costa oriente alcanza productividades muy altas. Los rendimientos bajos se concentran en la zona central del país y al norte de Petén.

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Producción y cobertura de frijol

“El cultivo de frijol en Guatemala es principalmente para autoconsumo, constituye la principal fuente de proteínas para las personas, después del maíz, en especial las que viven en el área rural” (ICTA, 2022).

En 2019 Petén y Jutiapa produjeron alrededor de 15 mil toneladas de frijol cada uno. Siguen Jalapa con 9 mil toneladas y Chiquimula con 6.7 mil: el núcleo principal del cultivo está en el suroriente del país. A diferencia del maíz, hay departamentos que no producen frijol (Suchitepéquez y Totonicapán), y junto a otros de baja producción forman un núcleo de poca producción en el suroccidente. Como con el maíz, la cobertura sigue de cerca la producción, salvo en el departamento de Quiché.

El frijol repite la historia del maíz. En Petén la producción no es homogénea y se concentra al sur del departamento, en Sayaxché (8 mil toneladas) y Las Cruces (4.7 mil toneladas). Esos municipios, junto a Conguaco en Jutiapa y Quetzaltepeque en Chiquimula, superan por mucho al resto de municipios de alta producción, que suelen ubicarse en torno a mil toneladas. La cobertura, otra vez, sigue de cerca la producción.

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Rendimiento de frijol

En 2019 el rendimiento de frijol por departamento fue de entre 0.1 y 0.5 toneladas por hectárea (t/ha). Producción y cobertura van tan de la mano que el rendimiento no se relaciona de forma simple con el nivel de producción. Los más bajos están en Quiché y San Marcos; los mayores en el nororiente del país, en Petén e Izabal.

Muchos municipios no producen frijol, sobre todo en el suroccidente del país. Entre los que producen sobresale Tiquisate, en Escuintla, con 0.9 t/ha, y luego Joyabaj en Quiché y Amatitlán en Guatemala con 0.7 t/ha. En el otro extremo, varios municipios del Altiplano quedan con productividades menores a 0.05 t/ha.

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Lo que vale la tierra


Valor de la producción

Por valor económico, los dos productos agrícolas dominantes son la caña de azúcar y el banano.

El ingreso total por caña de azúcar domina desde los años setenta, aunque el alza fuerte llega recién en los noventa. Crece moderadamente durante los 2000 y vuelve a acelerar entre 2011 y 2014, hasta superar los 1,500 millones de dólares. Ese crecimiento se detiene en 2015 y en 2017 el valor se desploma por debajo del banano.

El ingreso total por banano sube de forma sostenida desde los noventa. En 2017 superó a la caña de azúcar y en 2021 llegó a su máximo: 1,653 millones de dólares internacionales. Después los dos cayeron y en 2024 quedaron casi empatados: 1,028 millones la caña y 1,011 el banano.

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Una hectárea de banano vale 39 veces lo que una de maíz

Una hectárea de banano produce 17,680 dólares internacionales al año y una de maíz 454. La caña rinde 4,700 y la palma 1,780.

El maíz daba 400 dólares por hectárea en 1990 y da 454 en 2024. El banano pasó de 8,820 a 17,680 en los mismos treinta y cuatro años, el doble.

Esa distancia es el motor de lo que enseñan las otras dos gráficas de esta sección. Quien decide qué sembrar compara estos números, y por eso la palma y la caña ganan tierra mientras el maíz tiene que crecer en superficie para producir más.

Es valor bruto, no utilidad: no resta lo que cuesta producir, que en el banano y en la palma es mucho más alto que en el maíz. Y buena parte del maíz guatemalteco es autoconsumo de hogares que no están decidiendo entre cultivos, así que para ellos el precio de mercado no es la razón de sembrar.

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Guatemala produce el 54.8 % del maíz que usa, contra el 69.2 % de 2010

La autosuficiencia del maíz cayó de 69.2 % en 2010 a 54.8 % en 2023. El país produce hoy poco más de la mitad del maíz que usa.

La cosecha subió en ese tiempo, de 1,638 a 2,080 miles de toneladas, y la oferta interna creció más rápido, de 2,367 a 3,795. Esa diferencia la cubre la importación: de 692 a 1,696 miles de toneladas en trece años.

El frijol va mejor pero también baja, de 90.5 % a 82.8 %. Ahí sí cayó la producción, de 209 a 140 miles de toneladas.

«Oferta interna» no es consumo humano: incluye lo que come la gente, lo que come el ganado, lo que se pierde y lo que se procesa. Para el maíz eso pesa, porque buena parte de lo que se importa es maíz amarillo para alimento animal. La base publicada trae las dos columnas por separado.

La serie arranca en 2010 y no se puede estirar hacia atrás: FAOSTAT publica dos hojas de balance con metodologías distintas, y pegarlas dibujaría un salto que nadie vivió.

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