Río Seco, Quetzaltenango, después de la depresión tropical 12E

Ambiente

Cambio climático

Río Seco, Quetzaltenango, después de la depresión tropical 12E · Foto: Simon Burchell, CC BY-SA 3.0

Guatemala reportó al UNFCCC 64.44 millones de toneladas de CO₂ equivalente en 2022, un 48.8 % más que en 1990.

Casi la mitad —31.47 millones— sale del uso de la tierra, y ese sector no ha crecido en 33 años: lo que creció fue todo lo demás, sobre todo el transporte.

La estimación con la que se comparan países le atribuye a ese mismo sector 5.45 millones. Las dos cifras están acá y la diferencia tiene su propia gráfica.


Cuánto emite Guatemala


Las emisiones de Guatemala crecieron 48.8 % en 33 años

Guatemala pasó de 43.29 a 64.44 millones de toneladas de CO₂ equivalente entre 1990 y 2022, según el inventario que reporta al UNFCCC.

El crecimiento no está repartido. La energía se multiplicó por 3.8, de 5.62 a 21.38 millones, y los residuos por 3.4.

El uso de la tierra se quedó donde estaba, en 31.5 millones. Pasó de ser el 73.2 % del total al 48.8 % sin bajar, porque lo alcanzó el resto, y sigue siendo el sector más grande.

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El dióxido de carbono es el 79.7 % de las emisiones

De los 64,435 kilotoneladas de CO₂ equivalente de 2022, el 79.7 % es dióxido de carbono, y casi todo viene del uso de la tierra y de quemar combustible.

El metano aporta el 16.0 % —ganado, arrozales y basura— y el óxido nitroso el 3.5 %. Los dos se informan en toneladas del gas y van multiplicados por 28 y 265, su potencial de calentamiento a cien años.

Los gases fluorados son los que más crecen: en 1990 el país no reportaba ninguno y hoy son 527 kilotoneladas equivalentes, todas de la refrigeración y el aire acondicionado.

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El transporte es el 52.8 % de las emisiones de energía

De los 21.38 millones de toneladas del sector energía en 2022, 11.29 son transporte.

Es también el que más creció: en 1990 eran 1.70 millones, seis veces y media menos.

Generar electricidad aporta 1.81 millones, menos que las industrias manufactureras. La mitad del problema energético del país son los vehículos.

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Emisiones por sector

Las emisiones de gases de efecto invernadero se reparten por sectores, según la actividad que origina cada emisión de CO2e.

En 1990 el mayor emisor de Guatemala fue “Uso de suelo y silvicultura”, con 26.10 Mt CO2e: 65.2 % del total nacional. Le siguió “Agricultura”, con 5.48 Mt CO2e, un 13.7 % del total. El menor emisor de ese año fue “Gases fugitivos”, con menos de 10,000 t CO2e, seguido de “Electricidad y calefacción”, con 0.25 Mt CO2e.

En 2000 “Uso de suelo y silvicultura” seguía al frente con 27.36 Mt CO2e, 55.5 % del total de emisiones, y “Agricultura” de nuevo en segundo lugar con 6.73 Mt CO2e. Hacia 2015 crecen otros sectores, como “Transporte” y “Electricidad y calefacción”. En 2018 “Agricultura” pasa al primer lugar con 10.61 Mt CO2e, un 22.9 % de las emisiones totales del país.

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Dos cuentas de la tierra


Las dos fuentes se separaron 26.02 millones de toneladas

En 1990 casi coincidían: 31.68 millones el inventario nacional y 26.10 la estimación de FAOSTAT. En 2022 son 31.47 y 5.45.

FAOSTAT calcula las tierras forestales solo con el área que reporta el Forest Resources Assessment: si el bosque no cambia de tamaño, no emite. Guatemala carga contra el bosque en pie la cosecha de madera, la extracción de leña y los incendios. Esa sola línea vale +29,516.5 kilotoneladas para el país y −10,485.3 para FAO.

La caída de 79 % de la estimación desde 1990 son cuatro revisiones de área, no cuatro cambios en el bosque: sus dos componentes toman cinco valores cada uno en 34 años.

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Honduras aparece absorbiendo 28.47 millones de toneladas

Con la fuente que mide a los ocho países igual, Guatemala emite 5.45 millones de toneladas por uso de la tierra en 2022, detrás de México y Belice.

Honduras aparece absorbiendo 28.47 millones, y Costa Rica y El Salvador también salen en negativo. Un número negativo significa que la fuente estima que la biomasa creció más de lo que se perdió.

Son las estimaciones de FAOSTAT, las mismas que subestiman a Guatemala. Con su propio inventario el país reporta 31.47 millones para ese año, casi el doble que México.

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Emisiones totales y per cápita

Gases como el vapor de agua, el dióxido de carbono y el metano captan radiación solar en la atmósfera y elevan la temperatura global del planeta: es el efecto invernadero. El efecto de estos gases se mide en millones de toneladas (mega toneladas, Mt) de dióxido de carbono equivalente (CO2e), o Mt CO2e.

Las emisiones totales de CO2e de Guatemala crecieron entre 1990 y 2023. Pasaron de 40.04 Mt CO2e en 1990 a 49.30 en 2000, un alza de 23.1 %. El valor más alto del período 1990-2023 se registró en 2023, con 50.93 Mt CO2e.

A pesar que las emisiones totales muestran una tendencia inicial creciente, las emisiones per cápita (emisiones por habitante) se reducen en el lapso analizado. En 1990 las emisiones per cápita fueron de 4.44 toneladas (t) de CO2e, a comparación del año 2000 con 4.21 t CO2e per cápita. Para 2023, el guatemalteco promedio emitió 2.81 t CO2e

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Lo que el clima ya cuesta


Los eventos extremos desde 1980

Entre 1980 y 2010 los eventos extremos hidro-meteorológicos en Guatemala —inundaciones, tormentas, deslizamientos y sequías— aumentaron significativamente en número. Otros países de América Latina siguieron el mismo patrón.

Las inundaciones son los eventos extremos más frecuentes en el país, con las tormentas en segundo lugar. En condiciones normales la lluvia abunda: la mayoría del territorio recibe más de un metro al año en promedio. Es de esperar entonces que, con exceso de lluvia, las tierras bajas del Pacífico y la vertiente del Caribe se inunden con relativa facilidad. Las sequías son las menos reportadas, posiblemente por sub-registro: la falta de lluvia no llega a titulares de prensa salvo cuando el evento es muy extremo y prolongado. Los registros de lluvia de 2014-2020 muestran sequías estacionales —inicio tardío de la época de lluvia o canículas prolongadas— que no se reportan como extremas, aunque hayan afectado fuertemente la productividad de pequeños agricultores.

Las temperaturas extremas quedan fuera porque su registro es todavía menos consistente: apenas un par de eventos de frío extremo en un par de décadas. Los modelos de cambio climático para la región anticipan lluvias más erráticas e intensas en las siguientes décadas: períodos más secos seguidos de lluvias más torrenciales. Los datos de las dos décadas de este siglo ya muestran esa tendencia.

Parte del fuerte aumento puede deberse a la falta de capacidad de registro en las décadas de 1980 y 1990, con un mejor registro a partir de 2000. El cambio climático y sus efectos en la región y en el planeta no fueron prioritarios hasta finales de los noventa, cuando eventos como el huracán Mitch en 1998 hicieron evidente el nivel de riesgo de la región a un clima cambiante. Aun con ese posible sub-registro, la tendencia al aumento de eventos extremos es clara. Los datos provienen de EM-DAT (CRED/UCLouvain): las décadas de 1980 y 1990 del registro histórico y el período 2000-2025 de su actualización más reciente, de julio de 2026. El tramo 2020-2025 cubre solo seis años, por lo que no es directamente comparable con las décadas completas anteriores.

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Los impactos humanos desde 1980

A más eventos extremos, más personas afectadas. El número crece en las últimas décadas y sobre todo desde la década de 2000.

Entre 2000 y 2025 se contabilizan más de 19 millones de personas afectadas por exceso o deficiencia de lluvia. La cifra suma los afectados de cada evento, así que supera incluso a la población del país. Solo entre 2020 y 2025 se registran 11.4 millones, más que en toda la década anterior: las tormentas Eta y Iota de 2020 y las inundaciones de 2022 y 2023. Los más afectados han sido las comunidades rurales y los pequeños agricultores, lo que agudiza la pobreza en esos sectores y apunta a una vulnerabilidad alta y desigual de la sociedad guatemalteca al cambio climático.

De los 87 eventos reportados en el período de estudio, solo una parte trae datos de personas afectadas: el sub-registro, ya grave al contar eventos, empeora al contar personas. Suelen estudiarse bien únicamente los eventos más grandes, como las tormentas tropicales y los huracanes, porque hace falta un equipo de consultores —usualmente pagado por agencias internacionales como la CEPAL— que venga al país a cuantificar el impacto en los distintos sectores productivos. Las cifras reportadas son entonces mucho más bajas que las reales, un piso mínimo: en las últimas dos décadas no se sabe cuánto sufrimiento han causado al país los extremos de lluvia.

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Los impactos económicos desde 1980 

El aumento de eventos extremos en las últimas décadas también se traduce en un mayor impacto sobre la economía del país.

Los costos reportados de los pocos eventos cuantificados son altos: del orden de USD 1,320 millones en la década de 2010-2019. Las estimaciones existentes indican que un evento grande, como un huracán, deja un impacto económico equivalente al crecimiento del PIB del año en que ocurre. Esto apunta a una alta vulnerabilidad de la economía guatemalteca al cambio climático.

Con los daños económicos el sub-registro es aún más grave que con las personas afectadas. De los 87 eventos reportados en el período de estudio, apenas una fracción tiene el daño cuantificado, y varios eventos recientes de 2020-2025 todavía no tienen estimación de daños en EM-DAT: el total de ese período subestima el impacto real. Los números reportados son un piso mínimo y no se sabe cuánto le han costado al país los extremos de lluvia.

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